Exposición en el Museo Ramón Gaya. Simposio en el Prado

Con el sugestivo título: “La paleta de los viejos pintores. Ramón Gaya y el Museo del Prado”, ha tenido lugar esta exposición del 9 de octubre 2019/18 enero 2020, en la sede del Museo Ramón Gaya, en Murcia.

El catálogo recoge parte del texto de Gaya “Roca Española” (1953) y un estudio firmado por CristobalBelda Navarro, titulado “Roca, cueva, patria. Ramón Gaya y el Museo del Prado”, del que reproducimos las líneas dedicadas a Eduardo Rosales.

“Cuando Gaya visitó el Museo de Arte Moderno exis­tente en el Palacio de Bibliotecas y Museos pudo con­templar la obra de Eduardo Rosales del que ya tenía conocimiento de sus obras por los recuerdos pintados durante su convalecencia en Murcia. Salvo un comen­tario elogioso a Eugenio Lucas por sus recuerdos de la pintura del XVII, sólo Eduardo Rosales mereció su atención como el único artista del XIX que, desa­parecido Goya, había mantenido el pulso vivo de la pintura. Fueron dos de sus obras las que destacó, la Mujer al salir del baño y la Muerte de Lucrecia, a la que dedicó bellas páginas.

Gaya supo ver el color de la afrenta no bajo el perfil na­rrativo interpretado por la historia ni siquiera la cruel­dad del suicidio, evitando igualmente la violencia del texto de Tito Livio sino confiriéndole un sentido sim­bólico a un episodio en el que se mezclaban el acoso y la provocación, la intensidad dramática y el heroísmo. Los homenajes a Rosales mezclaron su pasión por esta pintura y la reverente sorpresa de sentirse llamado, en la soledad de las salas del entonces llamado Museo de Arte Moderno, por la atractiva y silenciosa pre­sencia del desnudo de Nicolina, la modelo romana en la que fijaba sus ojos sin poder desprenderse de suhechizo “en esa espalda tan justa de sensación tan fir­me” que le recordaba las esculturas de Fidias o las pinturas de Velázquez.

Seguramente esos ojos deslumbrados que seguían fi­jamente el “compás interior” de Rosales, fuera lo más cercano a esa pasión sometida que sor Juana Inés de la Cruz pudo adivinar cuando alabó la virtud de la protagonista.

¡Oh famosa, gentil dama
De cuyo ensangrentado pecho
Salió la sangre que extinguió, a despecho
¡De rey injusto, la lasciva llama!
¡Oh con cuánta razón el mundo aclama
Tu virtud, pues por premio de tal hecho
Aún es para tus sienes cerco estrecho
¡La amplísima corona de tu fama!
Pero si el modo de tu fin violento
Puedes borrar del tiempo y sus anales,
Quita la punta del puñal sangriento
Con que pusiste fin a tantos males,
Que es mengua de tu honrado sentimiento
Decir que te ayudaste de puñales.

Por el brazo inerte de Lucrecia se escapaba la pintu­ra, una pintura que encontró en Velázquez “el vigo­roso manantial de vida”. Lo importante, en definitiva, concluirá Gaya como en un esperanzador testamento era “tener pintura, nido, pozo, manantial pictórico. El pintor, aunque necesario, no es más que un trajinero. Lo suyo es un ir y venir de esa fuente rica y viva de la pintura”. Y, precisamente la encontró en la paleta de los viejos pintores”.

Se reproducen los “homenajes” que Gaya dedicó a Velázquez, Murillo, Tiziano, Rubens y Rosales (4). Reproducimos los que Gaya dedicó a la obra de Rosales.



En nuestra página web Eduardo Rosales pintor de Historia www.pintorrosales.es y www.pintorrosales.com, reproducimos obras que Gaya dedicó al pintor madrileño (“Rosales y Gaya”. Murcia. Exposición 1-10-2011 al 30-1-2012. “Homenaje de Gaya a Rosales” en Documentos.)

Luis Rubio Gil


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