Diario de un vigilante de salas del Museo del Prado (“EL CRISTO YACENTE” DE VALMITJANA. MUSEO NACIONAL DEL PRADO. SALA 61-B)

Recogemos del “Diario de un vigilante…” publicado en internet el 24 de mayo de 2018 la siguiente anécdota que tiene como protagonista a Rosales:

“En fin, hablando de religión y de esculturas, te voy a contar una anécdota que no me pasó a mí sino a mi compañero Jesús. Te pongo en antecedentes...
En una de las salas que me está tocando vigilar este mes hay una escultura que se titula Cristo yacente, y la esculpió Agapito VallmitjanaBarbany en el año 1872.
Pues estaba mi compañero vigilando la sala cuando vio que una señora mayor, de unos sesenta y cinco años, se acercó a los pies de Cristo y le empezó a dar besos...
-Señora, no se puede tocar la escultura.
-Ay, por Dios, que soy muy devota de Cristo y no me he podido resistir.
... mientras se persignaba una y otra vez.
-Ya, pero esto es un museo, no una iglesia.
-Sí, perdone, pero no me he podido resistir.
Pero lo peor de todo, querido Diario, no fue el beso sino... que había dejado marcas de carmín en la escultura. ¡¡¡AGHHH!!! Al final tuvo que llamar a nuestros jefes para que lo solucionaran.

Y hablando sobre esta escultura, Agapito Vallmitjana tenía una especial dedicación a la escultura religiosa. En esta obra plasmó la visión romántica de Cristo hombre... abandonado, rendido y trágico. Y dejó claro en esta escultura la serenidad clásica del tema y, sobre todo, su sensibilidad.
Aunque esta obra la esculpió en 1872, en 1869 realizó varios bocetos en terracota. Estos bocetos tienen si interés porque, según los entendido, descubren cómo trabajaba Vallmitjana, a la vez que se comprueba que el escultor decidió retirar casi totalmente los paños del sudario, ya que en los primeros bocetos cubrían casi todo el cuerpo del Cristo, haciendo un importante estudio de las telas. Y al quitar las telas, se concentró en el estudio del cuerpo humano”.


Luis Rubio Gil