El autor recuerda que después de almorzar en un lugar: “lo mejor de algunas cosas es que pasan, en muy poco tiempo, de estar de moda a ser vintage” (pág. 412), se fueron a la inauguración de las nuevas salas del Prado, en las que exponía una importante y completa muestra de pinturas del siglo XIX.

“Fue un almuerzo de lo más agradable, sí. Y después de trabajar un poco por la tarde, nos fuimos a la inauguración de las nuevas salas del Prado, en las que exponía una importante y completa muestra de pintura del siglo XIX.

Daban ganas de proclamar allí, como los pregoneros de los Barrios Bajos: “¡Viva el siglo XIX!, ¡Vivan los garbanzos, vivan los garbanceros y vivan las gallinejas y entresijos!”.

Agradece a uno a las vanguardias las intoxicaciones que nos han empapuzado durante un siglo, porque asomarse hoy a una pintura de Rosales es como abrir una ventana al aire puro de la sierra de Madrid, la de Velázquez.” (pág. 413)

Luego el escritor habla de “La ampliación de Moneo está bien y mal todo junto” , que razona agudamente para terminar con este párrafo:

“Los dos cuadros de Rosales, maravillosos, se veían muy bien, y los goyas, madrazos, pinazos, esquíveles, alenzas, lo mismo. La persona que los haya elegido sabe bien los que se hace, pues no ha rehusado que puedan compararse con todas las pinturas del Prado, sean del siglo que sean. Se ve que ha dicho: muchos de estos cuadros no tienen nada que envidiarle a Tiziano, a Rembrandt, a Murillo… Ah, y cómo echamos de menos a RG., que veía a Rosales como uno de los más altos, acaso el último grande de la pintura española, y a los otros, con un enorme respeto. Se situaba delante de uno de esos cuadros monumentales, operísticos, de historia, y musitaba, “esto hay que pintarlo. Esto no lo pinta cualquiera”. ¡Y que todo esto el siglo XX, tan arrogante, tan capitidisminuido, se lo haya querido quitar de encima sólo un adjetivo, decimonónico!” (pág. 414)

El autor se refiere a la exposición: “El siglo XIX en el Prado” (2007). Se expusieron cien obras resumen del arte español del siglo XIX, de Goya a Sorolla. De Eduardo Rosales se expusieron ocho obras: Tobías y el Ángel, Ciociara, Dª Isabel la Católica dictando su testamento, Mujer al salir del baño, El violinista Pinelli, Presentación de Juan de Austria a Carlos V en Juste, Muerte de Lucrecia y Concepción Serrano, después condesa de Santovenia. También figuró la escultura Cristo yacente de Agapito Vallmitjana para el que posó Rosales. Las siglas RG se refieren al gran pintor Ramón Gaya.

Trapiello

Andrés Trapiello. MUNDO ES. Salón de pasos perdidos. Una novela en marcha. Narrativa Contemporánea. Editorial PRE-TEXTOS. 2017.

(Nota enviada por Rafael Gil Álvarez para esta página web)