Se reúnen cinco de los mejores lienzos de Luis de Madrazo, Alejo Vera, Domingo Valdivieso y Eduardo Rosales, representado con dos obras: “Tobías y el ángel” y “Estigmatización de Santa Catalina de Siena”, realizadas en Italia que encarnan el final de la pintura purista y es la clave precisa para la penetración y el asentamiento del realismo de raíz velazqueña.

En Roma Rosales desde octubre de 1857 sobrevivió con la ayuda de su hermano y la venta de dibujos que realizaba copiando obras de arte de los museos y monumentos romanos. En 1859 la reina Isabel II le concede una “beca de gracia” de 800 reales anuales. Esta concesión la obligaba a presentar en Madrid una obra que acreditase su aprovechamiento. Comenzó con su “Tobías y el ángel”. No le satisfacía para dar a conocer sus adelantos en el arte de la pintura. En uno de sus viajes a Siena y en la Iglesia de Santo Domingo encontró la inspiración en los frescos de “El Sodoma” sobre Catalina de Siena. Se fijará en un fragmento y lo trasladará al óleo: La impresión de las llagas de Santa Catalina de Siena. Resultó una extraordinaria copia.

La impresión de las llagas de Santa Catalina. (Óleo/lienzo. 2,08x1,38 cm. Museo Nacional del Prado) La copia de “El Sodoma” realizada por Rosales es prácticamente idéntica al original. Difiere en la técnica, óleo y no fresco, el tamaño ya que Rosales solo reproduce la parte inferior y en cierta interpretación más idealizada de las figuras acentuando la melancolía de los rostros. La enviará desde Roma al Gobierno el 24 de marzo de 1862. José Vilches certificó el cuadro y lo envió como trabajo de pensionado. Luis Álvarez lo entregó. (AGA. (5) 1.27 31/15079)

Para el “Cristo de El Descendimiento” de Valdivieso, posó Eduardo Rosales.

Luis Rubio Gil