Adèle d’Affry, “Marcello” y Eduardo Rosales

Carmen de Armiñán Santonja en su tesis doctoral sobre su tatarabuelo Eduardo Rosales, incluye en la página 233 a 250 el capítulo que titula “Encuentro con Adèle d’Affry, “Marcello”. Es una aportación muy importante para la biografía del pintor. En el capítulo citado recoge dos cartas de Rosales, una dirigida a la escultora y otra a don Federico de Madrazo, que transcribimos por su interés. Las cartas están guardadas en los Archivos del Estado de Friburgo.

1º Carta:
“San Sebastían

Querida Duquesa,

Hoy he recibido la última vuestra de Cauterets, que llegó después de partir yo que fue el día 28 y como me anunciáis vuestro viaje a Madrid para el día 3 o 4, he pensado dirigiros esta directamente al hotel Rusia.

Yo no volveré a Madrid hasta el día 10, y me disgusta que quizá no os encuentre allí, porque me habría gustado acompañaros un día al Museo, pero ¿qué quiere decir que pensáis quedaros tan pocos días? Me decís que os marcháis el domingo y entonces no os quedareis más que 4 o 5 días, me parecen pocos. Lo que me disgustaría sería que ésta no os llegase a tiempo, pero no ha sido mi culpa. Os mando la carta con el señor Madrazo que os acompañará. No os olvidéis de visitar además el Museo Real, la Academia de Bellas Artes, el Museo Nacional, la Armería, el Palacio Real (los soberanos no están en Madrid), y finalmente debéis visitar El Escorial y Toledo, y el señor Madrazo os enseñará los cuadros de Goya que están repartidos entre iglesias y particulares..

Por hoy os dejo suplicándoos que me hagáis saber vuestras impresiones de mi ciudad natal…no es bella, no es monumental, pero yo la amo inmensamente, ese bellísimo cielo y ese aire fino y ligero, quisiera que tuvierais buenos días. Por lo demás, ahora esta desierta, todas las familias están en los pueblos.

Escribidme a la calle san Bernardo, ¿yo debo hacerlo al señor d’Espiard en París?
Adiós, no os olvidéis que deseo saber el efecto que os han hecho aquellos museos. Yo considero mucho vuestro juicio y me habría gustado compartir con vos vuestras impresiones, y gozar un poco de vuestra buena compañía, pero no puede ser, ¿Qué hacéis este invierno?

Adiós de nuevo, seré siempre vuestro afectuosísimo.

Rosales

En este momento recibo la vuestra de Cauterets, y veo que el viernes por la mañana partís de Bayona, y entonces la recibiréis a tiempo. No tengo nada más que decir, sólo que agradezco siempre vuestro buen recuerdo y que seré siempre vuestro más afectuoso amigo.

Rosales.”

2º Carta.
Otra segunda carta de Rosales en los citados archivos, dirigida a Federico de Madrazo y fechada en San Sebastián el 3 de septiembre de 1868 dice así:

“Mi estimado don Federico: debiendo detenerse en esa unos días la Señora Duquesa Colonna que con el seudónimo de Marcello ha expuesto en París alguna escultura de relevante mérito, me tomo la libertad de dirigirla a usted como la persona más idónea para desempeñar una comisión galante, suplicándole se sirva ilustrarla con sus consejos y dirección para que aproveche lo mejor que sea posible los pocos días que piensa detenerse en esa, facilitándole el medio de ver algunas cosas que usted juzgará la puedan interesar como artista que es de decidida vocación y de gran amor por nuestros maestros y nuestra escuela.

Espero que usted me dispensará las horas que esta molestia le hará perder, pero confío en que tendrá usted gusto en conocer a una persona cuya ilustración y gusto artístico sorprenderán. Le doy las gracias por este pequeño favor ofreciéndose suyo afectísimo amigo,

Rosales.”

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En El Prado, Marcello copió: La infanta Margarita y El enano Sebastián de Morra, ambas obras de Velázquez. (Fundación Marcello de Givisiez. Friburgo).

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No se han hallado otras posibles cartas que Rosales habría dirigido a Adèled’Affry, Marcello, pero Carmen de Armiñán cita varios fragmentos de las cartas de la escultora, que se conservan en los citados Archivos del Estado de Friburgo, dirigidas a su madre:

“El divino Rosales no me escribe, ha estado aquí [Madrid]”. (Madrid, 11 de noviembre de 1868)

“No he dado señales de vida a Rosales, no me hacen falta ese tipo de preocupaciones.” (Roma, 19 de enero de 1869)

“El buen Dios me da siempre dilemas insoportables. El divino Rosales ha aparecido en mi taller de prácticas, de pronto, irritado, herido porque no le he dado señales de vida, y yo he seguido igual, está enfadado y yo asqueada de la vida, de sus luchas perpetuas en las que me empeño en hacerlo bien, permanecer honesta y fiel a la ley divina, y en las que como recompensa, me enredo en disgustos, en imposibles de todo tipo, sin avanzar en mi carrera de arte y sin casarme.” (Roma, 30 de enero de 1869)

“Tengo como vecinos [en el taller de ´Papa Giulio` en Roma] a todos los españoles en el barrio de la puerta del Popolo. Fortuny, del que amo tanto su obra, al fondo del jardín. El divino Rosales vive lejos de ahí, se ocupa, yo creo, de la pequeña Madrazo (ya sabes, esa cuyo tío Ochoa me dijo en Madrid que Rosales era su ideal, que había sentido que se hubiera casado), hermana de la señora Fortuny. Ella va por el mundo con él, Rosales, y un pianista. Les he visto el domingo en la Academia, y no dejo de ser educada con esa pequeña Madrazo, nos tenemos cariño. Y persisto en dejar a ese divino personaje con sus asuntos, lo que le hace quizá un poco enfurecer. No soy celosa, es muy bueno, pero abandono, que no me muestre demasiado cariño, francamente” (Roma, 5 de febrero de 1869)

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Es sabido que Rosales posó para el mármol de Agapito Vallmitjana, y para las pinturas de Valdivieso, Fortuny y Manzano.

Carmen de Armiñán, documenta dos obras escultóricas para las que el pintor sirvió a Marcello de modelo: Una, La Bacante cansada (1869. Museo de Friburgo) y otra: Ecce Homo (1874. Museo de Arte e Historia de Friburgo).

De la primera, hay una referencia en el libro de Robert Rosenblum y H. W. Janson, Arte del siglo XIX, 1992, pág. 380, donde se dice que para la obra, La Bacante cansada,Marcello se inspiró “en los rasgos de un amigo suyo, el joven pintor Eduardo Rosales, para modelar su rostro”. Y como afirma Ghislain de Diesbach en su obra “La doublé vie de la duchesse Colonna”, (1988, p. 239): “La Bacante cansada, para que el bello Rosales posó”, continuando en la nota cinco: “ese pintor español al que la duquesa llamaba el divino Rosales era un seductor. Gustaba mucho a la señora Madrazo y a la duquesa, que pasaba, con él, de la coquetería a la riña y viceversa”.

De la segunda escultura, Ecce Homo, Marcello recibió el encargo del obispo de Hungria de hacer un Cristo en el jardín de los olivos. El 27 de junio de 1874, la escultora escribía a su madre: “He trabajado estos dos días en el Cristo. Dígale al señor cura que esto me hace meditar sobre la Pasión, es doloroso, apasionado y noble en su resignación. Es la cabeza de Rosales.”

En la fundación Marcello se halla la versión del Ecce Homo en escayola y dos cabezas pequeñas, también en escayola.

Como sabemos, Rosales había fallecido en 1873 y debió inspirarse en fotografías y recuerdos del pintor español.

También, en el castillo d’Affry, en Givisiez, se conservan dos fotos de Rosales, una de medio perfil, y otra de frente, así como un dibujo de Marcello a partir de esta última, y en el Museo de Arte e Historia de Friburgo se encuentra un dibujo de Rosales (23x15 cms.) dedicado a la condesa: “A mon amie Mde. Colonne. Rosales”. Refleja un personaje renacentista, quizá para “El testamento de Isabel la Católica”.

Por la copia de los datos: Luis Rubio Gil.

Retrato de la Duquesa de Castiglione,
Edouard-Théophile Blanchard.
Retrato de la Duquesa de Castiglione,
1877. Musée d'art et d'histoire Fribourg.

La Bacante Cansada
Ecce Homo

Marcello. La Bacante Cansada. 1868.
Musée d'art et d'histoire Fribourg.

Marcello. Ecce Homo. 1874.
Musée d'art et d'histoire Fribourg.

BIBLIOGRAFÍA

ARMIÑÁN SANTONJA, Carmen de “Nuevas perspectivas sobre el pintor Eduardo Rosales (1836-1873): El contexto internacional de su obra y su fortuna crítica”. Tesis doctoral, 2014. Dirigida por la Dra. Dña. Mª Dolores Jiménez-Blanco.

ARMIÑÁN SANTONJA, Carmen de “Eduardo Rosales y Adèled’AffryMarcello: une rencontré romaine”, AnnalesFribourgeoises, vol. 76, 2014.

ARMIÑÁN SANTONJA, Carmen de “Eduardo Rosales entre Roma y París”, en VI Encuentro Complutense de Investigadores de Historia del Arte, departamento de Historia del Arte III de la facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense, 2014.

ARMIÑÁN SANTONJA, Carmen de “Adèled’Affry y España pasando por Roma”. BSAA. LXXX. 2014. Pág. 267.

ARMIÑÁN SANTONJA, Carmen de “Eduardo Rosales, moderna tradición”. Descubrir el arte nº 199. Septiembre 2015.

1ª N.B. Para consultar las otras obras conocidas en las que posó Rosales, ver la página web: www.pintorrosales.com: Rosales posó para varios artistas.

2ª N.B. Es extraño que hasta el descubrimiento de estas cartas por la Dra. Dª Carmen de Armiñán Santonja en las que se habla del conocimiento de la condesa Colonna-Rosales, ningún biógrafo estudioso, familiar, amigo, etc. hicieran alusión a ella. Tanto más sorprendente cuando tal relación debió ser conocida por los testimonios aducidos por la investigadora, en los ambientes artísticos romanos.

Cierto que sin más precisión Maureta, gran amigo del pintor, comentó a Antonio Cánovas que “Rosales se prestó a servir como modelo de Jesús, bastantes más veces que las tan conocidas del Descencimiento deValdivielso, y el magnífico Cristo Yacente, del escultorVallmitjana (Cánovas, 1927 pág 11).

Palmaroli en su artículo Eduardo Rosales nos dejó descrito literariamente el retrato del pintor: “Rosales era alto, guapo, de mirada inteligente y dulce, melancólico, como lo son todos los que están destinados a morir de la cruel y terrible enfermedad de la tisis. Su carácter era reflexivo, frío y reservado; tuvo muchos amigos, íntimos poco. Fue Rosales muy galanteador y trovador siempre victorioso”.

Alejo Vera en Recuerdos de mi vida dice de Rosales:
“Era de un carácter dulce y en extremo simpático, incapaz de una acción que no creyera enteramente justa, muy fino en sus modales y en su figura. ¡Lástima grande, que fuera cortada en la flor de su edad aquella inteligencia tan distinguida” (págs. 58-59)

El Dr. Leopoldo Cortejoso en su libro de ensayo sobre tuberculosos célebres escribe:
“ A lo largo del tiempo, la enfermedad completaría después su obra imprimiendo de tal modo en su rostro estas cualidades y dándole tales matices de resignación y dulzura, que la expresión de su dolor humano serviría de incomparable modelo para representar el dolor divino de Cristo”.

Tomás Borrás en su artículo El pintor en su espejo negro dice:
“No necesitaba caracterizarse, era un doliente Cristo sufridor, de una vida que goteaba, aureolado por resplandor arcangélico” (pág. 22).

De los retratos que otros hicieron de Rosales, sobresale el óleo realizado por Federico Madrazo en 1867. El ilustre maestro interpretó el rostro de Rosales, en el que se asomaban los síntomas de su dolencia, con una expresividad serena, reposada, atenuando la tristeza de su profunda mirada al ensombrecer sus ojos y envolviendo todo el retrato con una suavísima veladura para difuminar los contornos del afilado rostro del primero . Madrazo resolvió con sincera dignidad la nobleza de su modelo y la imponente presencia de su figura. Sobre el ojal de su levita ostenta el lazo de la Legión de Honor que Napoleón III le concedió en la Exposición de ´París en ese año., Sin duda es la efigie más bella y fidedigna realizada al gran pintor (pág web www.pintorrosales.com)


Luis Rubio Gil

Abril 2017