"La Crucifixión", de Perugino admirada por Eduardo Rosales
 
Eduardo Rosales partió para Roma en el otoño del año 1857 en compañía de Vicente Palmaroli y Luis Álvarez. Las circunstancias de su viaje y anotaciones de su "diario" las recojo en mi libro "Eduardo Rosales" (Ediciones del Aguazul, 2002).

He realizado dos veces el viaje que Rosales nos narró en su "diario" y he tratado de identificar lugares, monumentos, obras pictóricas de las que habla y que llaman su atención. Alguna de ellas las he reproducido en el catálogo de la exposición "Eduardo Rosales en las colecciones privadas" (Ibercaja, 2000) y en mi obra sobre el pintor, otras por razones de espacio tipográfico las he tenido que dejar en mi archivo en espera de poder imprimir un estudio con todo el bagaje de documentos que aún me queda por publicar.

Crucifixión con santos de Perugino

 
 

En el aludido "diario", en septiembre de 1857, escribe Rosales:

"Hoy 29. - En compañía de un alemán hemos visto en la Iglesia de la Calza vecina a Porta Romana, propiedad del canónigo Pietralli, una hermosísima tabla de Perugino, que representa a Cristo en la Cruz: la Magdalena arrodillada enjugándole los pies con el cabello; a la derecha, San Juan y otro santo, y a la izquierda, San Jerónimo y San Francisco. Cuadro bellísimo, cabezas llenas de piedad con un espíritu y fuego religioso admirables; ejecución y aspecto totalmente descuidados, no aspirando a más que ha expresar con más admirable energía. Ha conseguido lo más hermoso que puede conseguir un artista con sus obras; edificar a los que las ven, hablar al corazón del hombre y hacerle la misma impresión y pasar por el mismo sentimiento que expresan sus figuras. Quisiera que no se me borrara nunca este cuadro tan hermoso de la imaginación por no descuidar en mis obras y echar en el olvido este genero de arte tan sublime y que tan presente debo tener siempre tratando de asuntos de verdadero misticismo y fervor religioso."

 

He de confesar la dificultad para localizar la obra del Perugino frente a otras citadas por Rosales en la misma ciudad de Florencia. El número de consultas bibliográficas han superado el centenar. Y como no es infrecuente en las investigaciones, una casualidad me puso en contacto con la tabla a la que el pintor madrileño hace referencia.  

 

   
Cuantas idas y venidas por Florencia hasta llegar a la "la Iglesia de la Calza vecina a Porta Romana".

Localizada la iglesia no supieron darme ninguna indicación sobre la obra del Perugino que hoy se encuentra en la Galleria degli Uffizi (n. 3254. Óleo sobre tabla 180 x 203 cm.). Dice Rosales que a su derecha está "San Juan y otro santo" que es el Beato Juan Colombini, fundador de la congregación de los "Ingesuati", una de cuyas principales ocupaciones, amantes como eran de la ciencia y el arte, fue el estudio de la química y la preparación de los colores y principalmente el azul ultramarino extraído del lapislázuli, que usó Miguel Ángel.

La tabla fue realizada por el Perugino para el convento de los Ingesuati de San Giusto, situado fuera de las murallas de Florencia, para el que realizó también algunos frescos, perdidos, que adornaban el claustro, entre ellos una "Nativitá" conocida por dibujos conservados en Londres y Dusseldorf, y otras dos tablas que representan "La Piedad" y "La oración del huerto"

 
 

Este convento fue destruido durante el asedio de Florencia entre 1529-30. Vasari le recuerda por su elegancia arquitectónica y decorativa. En 1531 los religiosos se trasladaron a San Giovanni de la Calza llevando consigo las tres tablas.

La tabla de la "Crucifixión" que nos ocupa y describe Rosales, la adquirió la Galleria degli Uffici en 1904. Fue pintada por el Perugino entre 1485-1490.

El comentario del pintor madrileño tiene hoy validez total y nos muestra un momento de su reflexión sobre el arte y su quehacer que de una forma u otra acompañaron su obra:

Autorretrato de Perugino
 
 

"La ejecución, no aspirando a más que a expresar con más admirable energía. Ha conseguido lo más hermoso que puede conseguir un artista con sus obras; edificar a los que las ven, hablar al corazón del hombre y hacerle la misma impresión y pasar por el mismo sentimiento que expresan sus figuras."

La misma actitud le llevo a pintar El Testamento o La muerte de Lucrecia años más tarde.

Bibliografía:

Cavalcaselle: Storia della Pittura in Italia. Tomo 9. 1902.
Garibaldi, Vittoria: Perugino. Catálogo completo. 2001.
Vitetti, Leonardo: Vita de Pietro Perugino. 1914.

Luis Rubio Gil

Abril, 2002

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