UNA COPIA DEL “HAMLET Y OFELIA” DE ROSALES EN ANSORENA

En la subasta 401 de Ansorena (31 de marzo – 1 de octubre 2020) celebrada posteriormente, se subastó con el nº 475 una copia de la obra de Rosales “Hamlet y Ofelia”.

El catálogo (pág. 149) dice:

“475. Anónimo
(Fin S. XIX-Ppos. S. XX)
“Pasaje de Otelo”
Óleo sobre lienzo
Medidas 70 x 108 cm
Salida 800€”

No se pujó.

Se trata de una muy buena copia de la obra de Rosales “Hamlet y Ofelia” (1871) que está desde 1902 en paradero desconocido. Su último propietario fue D. José M.Lavernia. Las medidas que da Cotarelo en el catálogo de la exposición de 1902 son: 70 x 106, prácticamente iguales a la copia. El original está firmado y fechado por Rosales. Fue reproducido en blanco y negro por numeroso estudiosos del pintor.

Hamlet y Ofelia (70 x 106 cm), hoy en paradero desconocido, figuró en la Exposición de 1873 con el número 18 y en la de 1902 con el 34. Para la figura de Hamlet posó Mariano Fortuny (7). Dice Cotarelo que aunque inferior en composición a La muerte de Lucrecia y al Don Juan de Austria, “hombréase en la ejecución y acaso los supere en colorido” (pág. 41). Señala igualmente el conocimiento que Rosales tiene del asunto al llevar al lienzo la escena primera del acto tercero del drama. El pensativo príncipe, movido por su misteriosa locura, habla a la infeliz Ofelia en términos desabridos y crueles. La hermosa mujer cubre su rostro con la mano angustiada por los reproches que Hamlet la dirige. Un perro se aproxima olfateando la desgracia. Al otro lado, ocultos por un tapiz, asoman el monarca fratricida y su criado Polonio. La pintura es rica en poesía y verdad, y el color alcanza una perfección admirable que nos hace sentir la atmósfera triste y sombría, en la que se destaca la blanca silueta de Ofelia de los tonos oscuros del cuadro. Hay junto al conocimiento por parte de Rosales de la obra de Shakespeare un acierto pictórico en el realce de las figuras, en la luz, en el claroscuro, logrando una gran armonía entre la idea y su expresión. Jacinto Octavio Picón en su artículo “Eduardo Rosales” escrito en El Gobierno del 8 de diciembre de 1873 glosó así la obra: “...fue a beber en las escenas del Hamlet las dulcísimas palabras de la infeliz Ofelia, y las razonadas locuras del vengativo príncipe. Solo entonces pensó en trasladar de su fantasía al lienzo el armonioso enlace de dos figuras que no sufren crítica en su dibujo, porque al trazarlas tiembla el pincel, agitado por la inspiración, como las palabras por el viento al llegar de los labios al oído. No analicéis el amante nudo en su quizá incorrecto dibujo, ni la atrevida postura en su arriesgada colocación, ni el impensado movimiento del amoroso traspiés, porque aquellas figuras son para sentidas y no para estudiadas, como el corazón para comprendido y no para fría y anatómicamente analizado. Aquella mirada en que se confunden el odio y el amor, la opresión febril de un loco por la venganza y de un demente por el amor, sólo pueden compararse con el dulcísimo dolor de Ofelia, hermosura pálidamente británica, adivinada a través de una mano impregnada por la luz de unos ojos arrebatadoramente purísimos. El grupo delicado y natural ocupa el centro de una sala con ancho balcón, orlado de una planta trepadora y cuyo frente recuerda el estudio de Rosales; la atmósfera deja el fondo a la debida distancia, y dos almohadones, cuyo llamativo color debía atraer al primer término, pero cuya hábil entonación mantiene a la debida distancia, constituyen un precioso detalle. Dan a aquél doble idilio de amor y poesía cierto oscuro tinte las dos severas y temáticas figuras, que envueltas entre los anchos ropones oyen con toda la ansiedad del crimen, naturalísimamente doblegada una por sostener el pesado cortinaje, ávida la otra de acortar la distancia que separa sus labios de la boca de Hamlet. Podrá objetarse que los trajes no son de perfecta verdad 150 EDUARDO ROSALES histórica, sobre todo, el del príncipe, vestido a la elegante usanza del siglo XVI; pero algo debe concederse a un cuadro no histórico, donde al artista es permitido, sin pies forzados en que encerrar sus pensamientos, alzarse y volar por los ámbitos de lo ideal, sin perder por eso de vista la realidad, ni olvidar que poetizar lo verdadero es la misión del arte y del artista. Sentimiento, armonía en la composición, luz, aire, fondo, y sobre todo fuerza y valentía en el colorido, hacen en el Hamlet olvidar alguna incorrección en el dibujo y algún anacronismo en las ropas. Innumerables bellezas de detalle compensan también aquellos leves defectos, como el cariñoso empeño con que el mastín, en admirable escorzo colocado, quiere participar de los sentimientos de su amo, y la aterciopelada gorra, arrojada al suelo, en cuyo rico fondo de azulado raso se descompone la luz entre los quebrados pliegues que al tirarla recibió del violento brazo de su dueño. Al alejarse de este cuadro, al cerrar los ojos, conservando aun en la pupila el recuerdo de su magia, la memoria va a buscar en el tremendo drama de Shakespeare la situación sublime en que Hamlet, entre enamorado y loco, que viene a ser la misma cosa, hace asomar con sus palabras a los ojos de Ofelia una lágrima, no opaca como la perla, sino pura y diáfana, como la gota de agua desprendida de un rayo de luz. Era menester todo el genio de Rosales para implantar en un lienzo el sueño del coloso, inglés, como fue necesario el pincel de Velázquez para imprimir en Las lanzas, en vencedores y vencidos toda la expresión que al rostro del guerrero da la derrota o la victoria; como solo el atrevimiento de Goya pudo recordarnos, envueltos entre charcos de sangre, a la lúgubre y amarillenta luz de un mugriento farol, los fusilamientos de Murat”.

(7) “La Ilustración Artística”. Nº 696. Barcelona 20/04/1895, pág. 309-310.Artículo de Balsa de la Vega en el que dice que Fortunypara posar de Hamlet en la obra de Rosales: “vistiose la ropilla y puso la figura”.

Retrato Rosales por Sorolla

“Hamlet y Ofelia”. Obra de Rosales, reproducida por varios autores en B/N. Se desconoce el paradero.

Retrato Rosales por Sorolla

Copia anónima del mismo cuadro que se subastó en Ansorena.


Luis Rubio Gil

Junio 2020